Viñedos Castro Laborda

Nuestros vinos
Con raíz, con alma, con historia.

En Viñedos Castro Laborda cada vino cuenta una parte de nuestra vida, de nuestros viajes y escapadas, de nuestra manera de entender el mundo y de nuestra forma de disfrutar del vino.

Surgen del flechazo de una finca encontrada, de una historia escuchada, de una ilusión compartida

Son el resultado de escuchar el terroir y la vida que lo rodea, de observar sus ritmos y de trabajarlo con respeto. En cada botella hay un relato, un momento, una emoción.

Y, sobre todo, una verdad: la tierra lo crea, pero es el alma quien lo convierte en vino.

botella de lajas

Lajas

El origen de la aventura
autenticidad y calidad

El Peñiscal fue nuestra primera finca, el punto donde todo comenzó. Un paisaje puro y salvaje en una cuna de pizarra que nos cautivó.

De allí nació Lajas, nuestro primer vino, y con él, la certeza de que estábamos construyendo algo que iba mucho más allá.

Hoy, cuando abrimos tus primeras añadas en nuestras catas verticales, echamos la vista atrás y sentimos la emoción de ver cómo has madurado. Nos hace gozar y soñar con las vendimias que están por llegar.

En cada copa, Lajas nos recuerda de dónde venimos, ¡y nos encanta!

Proximamente

Finca La Pérdida
Un suelo que guarda secretos

Situada en plena línea divisoria entre los términos de Manchones y Murero, La Perdida es un rincón salvaje y auténtico, rodeado de monte y silencio. Su suelo —de una arcilla rojiza, casi naranja— guarda el calor como si fuera un secreto. Es una tierra caprichosa, pero generosa con quien sabe entenderla.

Aquí, las cepas crecen con carácter, aferradas a una tierra que exige respeto y paciencia. Cada terraza conserva su propia personalidad, su forma de recibir el sol y de respirar el cierzo. Pero lo que realmente da vida a esta finca es el alma de quienes la trabajan, las manos que la cuidan y la devuelven a su esplendor.

Es una finca que no se impone: se revela poco a poco, a quien se toma el tiempo de escucharla.

Sin nombre Finca La Perdida
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Más info

ARIS

La fuerza serena

Aris o Sira, según cómo se lea. Nuestro vino tinto de Garnacha 100% nace bajo el sol, en las zonas más tempranas de Villarroya de la Sierra.

Cada vendimia lo vemos crecer, como crece nuestra hija Sira mientras aprende entre viñas y risas en familia. Como ella, este vino es calma, intuición, emoción y carácter.

Aris es ese equilibrio que sostiene, esa mirada que observa antes de decidir, esa serenidad que da sentido al camino familiar. Un vino con delicadeza, pero también con verdad.

Pero Aris no se entiende solo. Su historia no está completa sin su mellizo: Socram.

La fuerza serena
aris

Aris o Sira, según cómo se lea. Nuestro vino tinto de Garnacha 100% nace bajo el sol, en las zonas más tempranas de Villarroya de la Sierra.

Cada vendimia lo vemos crecer, como crece nuestra hija Sira mientras aprende entre viñas y risas en familia. Como ella, este vino es calma, intuición, emoción y carácter

Aris es ese equilibrio que sostiene, esa mirada que observa antes de decidir, esa serenidad que da sentido al camino familiar. Un vino con delicadeza, pero también con verdad.

Pero Aris no se entiende solo. Su historia no está completa sin su mellizo: Socram.

La alegría que desborda
socram

Socram —Marcos, si se lee del revés— es un blanco que no sabe estarse quieto. Donde Aris es calma, Socram es impulso, emoción, humor y una sensibilidad que desarma.

Elaborado principalmente con Macabeo, es un vino expresivo y sorprendente. Tiene la frescura de quien corre por las viñas antes de que el día amanezca, la espontaneidad de quien ríe más fuerte y la honestidad de quien es sí mismo, sin filtros.

Socram guarda la energía de Marcos, esa mezcla única de corazón grande, curiosidad infinita y diversión. Un vino que contagia las ganas de vivir.

Y, como su mellizo Aris, tampoco puede entenderse sin él. Son opuestos que se buscan, se completan y se dan sentido.

Dos vinos inseparables que, juntos, cuentan nuestra historia: la de una familia que encuentra en la viña el lugar donde la tierra y el alma se abrazan.

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SOCRAM

La alegría que desborda

Socram —Marcos, si se lee del revés— es un blanco que no sabe estarse quieto. Donde Aris es calma, Socram es impulso, emoción, humor y una sensibilidad que desarma.

Elaborado principalmente con Macabeo, es un vino expresivo y sorprendente. Tiene la frescura de quien corre por las viñas antes de que el día amanezca, la espontaneidad de quien ríe más fuerte y la honestidad de quien es sí mismo, sin filtros.

Socram guarda la energía de Marcos, esa mezcla única de corazón grande, curiosidad infinita y diversión. Un vino que contagia las ganas de vivir.

Y, como su mellizo Aris, tampoco puede entenderse sin él. Son opuestos que se buscan, se completan y se dan sentido.

Dos vinos inseparables que, juntos, cuentan nuestra historia: la de una familia que encuentra en la viña el lugar donde la tierra y el alma se abrazan.

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Castro Laborda
tierra y alma en cada
botella de vino

Lajas, Aris y Socram son más que vinos: son distintos capítulos de una misma historia.
Cada uno lleva la huella del lugar donde nació y el latido de las personas que lo hicieron posible: Lolo, Meri, Marcos y Sira.
Estos vinos nos recuerdan que la tierra tiene memoria y que el alma, cuando se entrega, deja raíces.
Porque en Viñedos Castro Laborda, el vino no se elabora: se vive. Y cada copa es una forma de volver a casa.